miércoles, 25 de agosto de 2021

Confesiones homicidas 7: Confesión en el colectivo (Gabriel Zas)

 

                                             

 

_ ¿Me dice la hora, por favor?_ le preguntó ella al joven apuesto que estaba sentado del lado de la ventanilla del bus.

Él miró su reloj y la complació caballerosamente.

_ Son las 15:17_ respondió gentilmente.

La contempló con una sonrisa cautivadora.

_ Gracias. ¿Sabés si falta mucho para Eva Perón y General Paz?

_ Unos quince minutos, más o menos. No es muy lejos de acá. Le pega derecho por San Pedrito hasta Quirno, dobla y sigue hasta Eva Perón todo derecho. Hace rápido.

_ Parece que sos de la zona.

_ Viajo mucho, que es distinto.

_ Yo soy un cero a la izquierda con las calles de Capital.

_ ¿Ah, sí? Mirá vos. ¿Por algo en especial?

_ Porque no soy de Buenos Aires. Soy de Misiones. Llegué hace una semana.

_ ¿Viaje de descanso?

_ De huida, mejor dicho.  

Él la miró con simpatía.

_ ¿Huís de tu marido para estar con tu amante?

Y los dos estallaron en sutiles carcajadas.

_ Huyo de la Policía.

El rostro de él se tornó serio repentinamente.

_ ¿Es un chiste, no?_ inquirió en tono jocoso.

_ No. Es enserio.

Desvió su atención hacia un hermoso collar de alhajas que decoraba su hermoso y delicado cuello. Él se quedó unos cuantos segundos contemplándolo con admiración y estupor.

_ Es robado_ acotó ella después de un rato.

_  Mirá, no estoy para bromas_ repuso él entre indignado y desconcertado.

_ No es una broma. Te estoy hablando absolutamente enserio. Lo robó mi novio para mí. Resulta que él es inspector de Robos y Hurtos de la Policía de Posadas. Una vieja cheta y cagada en guita denunció que alguien le robó este collar y asignaron a mi novio como inspector a cargo de la investigación. Ella dijo que antes de irse a acostar lo guardó y que cuando se levantó al otro día, encontró el estuche donde guardaba esta preciosidad abierto y la funda vacía. Alguien se metió cautelosamente mientras dormía y se lo afanó. La cuestión es que cuando mi novio requisó la pieza de la mina esta encontró el collar enrollado por accidente en un enorme pañuelo de seda, que a simple vista no se veía. Se ve que la vieja lo apoyó para guardarlo, abrió el estuche, sacó la funda, la interrumpieron y cuando volvió al cuarto, se acostó y dejó todo como estaba. Ni se acordó. Y creyendo que lo había realmente guardado, se creó en su mente la falsa idea del robo. Las mujeres somos así. Creemos que las cosas están en el lugar donde las dejamos y no admitimos la idea de que quizá las hayamos dejado en otro sitio diferente. Nos aferramos a esa idea. Somos tercas. Y valiéndose de tal cualidad femenina y natural, agarró el collar, se lo guardó en el bolsillo y alimentó la idea del robo. Cuando llegó a casa, me lo dio. Y esto me dio una brillante e ingeniosa idea. Yo me presento en la casa de la víctima con cualquier pretexto, entro, me gano la confianza de los que ahí vivan, me meto en un descuido en la habitación de la incauta, busco algo de valor que me atraiga y me seduzca, lo cambio de lugar para crear la falsa idea del robo, lo meten a investigar a mi novio, ya que son dos nada más los inspectores de Robos y Hurtos que hay en Posadas; le digo dónde lo escondí, él lo recupera y me lo da. Decime, ¿no es genial? Cuando se lo proponga, le va a encantar.

_ No sé si me estás hablando enserio o me estás boludeando. Pero no tengo ganas de que me cuentes más nada de este tipo de fantasías que me estás contando.

_ A un hombre apuesto como vos jamás le faltaría el respeto boludeándolo de semejante manera.

_ No entiendo por qué me contás todas estas fantochadas, tampoco. Ni me interesa saber. Dejame tranquilo, por favor.

_ Te las cuento porque sos un extraño y necesito contárselas a alguien. Y vos sos ese alguien. Imaginate que no puedo irle con este cuento a cualquiera.

_ Estás loca, flaca. Dejame de romper.

_ Vine a Buenos Aires para que no sospechen de mi novio, por las dudas. Somos humildes los dos, de bajos recursos, clase media. Mi novio, con el sueldo miserable que tiene, no puede comprarme este tipo de cosas. Y yo soy muy pretensiosa. Tanta corrupción que hay en la Policía, ¿qué le hace una mancha más al tigre?

_ ¿Y porque la mayoría de la cúpula de la Policía está corrompida, tu novio tiene que entrar al baile también? ¿Te parece bien eso?

_ Por mil collares como este, me parece una genialidad.

_ Y cuando tenés todo lo que querés, lo denunciás y lo agarran. Conozco muy bien a las minas como vos.

_ Yo también me expongo. No te olvides de eso.

_ Eso es cierto. Pero al que seguramente agarren es a él.

Sonrió con malicia.

_ Ya lo agarraron. El plan que te conté lo urdí hace tiempo y lo pusimos en marcha hace tiempo también. Tengo en mi poder infinidad de hermosuras como esta alhaja. pulseras, collares, alianzas… Todo lo que una dama de mi altura sueña con tener.

_ Una dama de tu altura se gana las cosas dignamente. No robándolas a cuestas de su novio, un inspector de la Policía, encima.

_ Hay algo que vos no entendés.

_ ¿Qué es lo que yo no entiendo?

_ Que cuando yo caigo en la casa de la víctima y escondo lo que me gusta, siempre lo dejo acompañado de una pequeña pista que incrimina al pobrecito de mi novio. Por eso lo agarraron al muy infelizmente ingenuo. ¡Ja, ja, ja!

_ ¿Y no tenés miedo que te delate?

_ ¿Quién le va a creer?

_ Yo, por ejemplo. Te explico para que entiendas. El inspector Nicandro Calens, es decir, tu novio, se dio cuenta de tu treta. Y cambió la pista que lo inculpaba a él por otra que te inculpaba directamente a vos. Vos trabajaste como mucama, niñera o como lo que fuere en casa de la víctima, siempre bajo identidades y apariencias falsas; las pistas que te incriminan a vos, todos los robos tienen tu firma. Encima huís para Buenos Aires. ¿Enserio creés que el inspector Calens te dijo que te vinieras para Buenos Aires para, digamos, protegerlo a él, salvarte a vos? ¡Ja, ja, ja! ¡Qué ilusa! El que huye siempre es culpable. Y vos huiste con toda la evidencia en contra tuya.

_ Tenés mucha imaginación. No sé de dónde sacaste tanta sarta de pavadas.

_ Los modelos de todo lo que Calens “robó” para vos, no eran exclusivos. Te olvidaste que él está en Robos y Hurtos, y que por eso, conoce al dedillo sobre estas cuestiones. Tenés que saber que una persona adinerada, más una mujer, nunca deja sus más preciosas posesiones a la vista de todo el mundo por temor a que se las roben o se le extravíen. Lo que deja es billuterí barata, que no vale nada, pero que por su aspecto y preciosidad, nadie lo pensaría. Lo que te quiero decir con esto es que lo que tenés ahora colgando en tu cuello es basura que no vale nada. Ni diez centavos. ¿Y sabés a qué responde todo esto que te conté? A que tu novio les avisó con antelación a las mujeres a las que les ibas a robar el plan. Ya sabían lo que iba a pasar. Y por eso dejaron a la vista joyas de poca monta y guardaron las realmente valiosas lejos de tu alcance.

Por primera vez, ella se puso pálida y temerosa.

_ No me causa gracia el chiste_ agregó con renuencia a aceptar los hechos descritos por su acompañante de viaje.

_ No es ningún chiste. Créame, señorita. Y no va a llegar a Eva Perón y General Paz. En la próxima parada hay un patrullero esperando para llevarla detenida.

_ Esto es una broma. ¿Quién es usted?

_ Soy el fiscal Ramiro Cerradas, de la Fiscalía número 7 de Posadas. La vengo siguiendo desde que salió de Posadas por orden del juez de Instrucción Edelmiro Fraga. Este encuentro que tuvimos en el bus no fue casual. Y toda la charla que mantuvimos la registré en mi grabadora personal, que tengo oculta en el bolsillo del saco. Así que, le aconsejo que no diga nada más porque lo podemos usar en su contra. A partir de este instante, queda usted detenida e incomunicada, y a disposición de la Justicia.

El rostro de ella se puso blanco y lívido.

 

 

 

jueves, 12 de agosto de 2021

Confesiones homicidas: 6. Confesión en el Subte


 

 

 

                                        

_ Todavía hay gente que lee el diario en el Subte_ le dijo ella a su compañero de asiento, que estaba leyendo  el matutino, sumido en una concentración admirable.

Aquél cerró parcialmente las páginas y relojeó a la mujer que lo sacó de su concentración con absoluto reproche.

_ ¿Me permite, por favor?_ repuso él, con irascibilidad camuflada de dulzura.

_ Disculpe.

_ Gracias.

Y volvió sobre la lectura que había dejado pendiente. Era una noticia sobre el robo de unos doscientos mil pesos en casa de un importante economista en Palermo Hollywood. El hecho había cobrado una relevancia notoria a nivel nacional.

 En resumidas cuentas, el suceso tuvo lugar el 6 de agosto pasado pero no salió a la luz sino hasta hace tres días. Elías Bauzan, el economista en cuestión, quiso mantener el asunto alejado de la prensa lo más que pudiera, pero la información se filtró rápidamente y no pudieron controlarlo. Y los periodistas son aves de rapiña cuando se trata de hechos de esta naturaleza.

Eugenia Quirós, la contadora del economista Bauzan desde hacía bastante tiempo ya, había llevado la cuenta de sus finanzas a rajatabla y nunca hubo faltante de dinero. Jamás. Y Elías Bauzan confiaba ciegamente en ella. No obstante, la Policía la investigó severa y minuciosamente por orden del juez interviniente. Pero no encontró nada extraño. Era una mujer honesta y transparente.

Se investigó a todo el círculo de Elías Bauzan, incluyendo amigos, cercanos y conocidos, pero tampoco se descubrió nada fuera de lo común por ese lado, lo que inexorablemente llevaba al juez a la conclusión que el robo se cometió en un momento del día determinado en un abrir y cerrar de ojos en un instante de descuido.  Se realizaron pericias y pruebas de todo tipo para intentar establecer con la mayor precisión posible el momento exacto en que se produjo el robo, y de esa manera, cuantificar reduciblemente a los posibles sospechosos del hecho. Y las mismas arrojaron como resultado que el robo tuvo lugar el 6 de agosto último entre las 15 y las 15:30, momentos en que en la casa se encontraban María, la esposa de Bauzan; Eugenia Quirós; Sofía, una amiga íntima de la esposa; y Ricardo Arévalo, un socio de una importante firma agropecuaria que estaba reunido en esos minutos con Eugenia Quirós para solucionar un problema financiero que tenía con Elías Bauzan. En tanto, el propio Bauzan estaba ausente atendiendo asuntos personales en el Microcentro.

Eran pocos los que sabían que Elías Bauzan había comprado el 75% de las acciones de la empresa agropecuaria Arévalo Hermanos, de la que era titular justamente Ricardo Arévalo. Pero inexplicablemente las acciones cayeron considerablemente de una semana para la otra, y en unos pocos días, las pérdidas eran millonarias. Los doscientos mil pesos desaparecidos se correspondían en parte con las ganancias que Bauzan había obtenido como dueño de las acciones, y por el otro, con un seguro por si las cosas a la larga o a la corta se desmoronaban, cosa que finalmente terminó sucediendo de forma repentina e inexplicable. Lo que Arévalo reclamaba era la devolución total de ese importe que alegaba le correspondía por su carácter de socio minoritario y por ser dueño de la firma. Pero que Elías Bauzan se negaba a reconocerle ajustándose a derecho y alegando excusas de toda índole, entre ellas, el porcentaje de sus ganancias.  

Después de unas semanas de tire y empuje, Bauzan había accedido a negociar los términos del reembolso, razón por la cual Ricardo Arévalo estaba reunido con Eugenia Quirós el día del robo, día en que también el propio Bauzan estaba ausente por cuestiones personales. Toda una fortuita casualidad que el juez decidió no ignorar bajo ningún concepto.

Los doscientos mil pesos estaban ocultos adentro de un sobre que estaba mezclado con otros sobres que contenían documentos en el escritorio de Elías Bauzan. Estaban escondidos a simple vista. ¿Quién más lo sabía, aparte del propio Bauzan? Ese era el dilema a resolver.

No era un dato menor tampoco que Ricardo Arévalo había caído en bancarrota a raíz del quiebre de las acciones, lo que lo convertía en un sospechoso perfecto para la Justicia.

Eugenia Quirós testificó ante el juez de Instrucción que abandonó el despacho por unos minutos en los cuales Ricardo Arévalo permaneció solo. Y que cuando él se retiró, notó que el escritorio estaba todo revuelto. Lo puso en alerta a Elías Bauzan, que se desesperó. Y al buscar el sobre con la plata, lo encontró vacío.

_ “Ahí fue cuando supe dónde estaba escondido el dinero, realmente”_ confesó Eugenia Quirós ante el juez.

_ “¿Dónde creía que estaba guardado?”_ repreguntó el juez, según fuentes oficiales citadas por el diario en cuestión.

_ “En su caja fuerte personal. O en una gaveta que tiene en su cuarto”.

_ “Evidentemente, no quería que fuesen descubiertos. ¿De quién cree que querría esconder toda esa suma el señor Bauzan, señora Quirós?”.

_ “No puedo responder a esa inquietud, Su Señoría”.

Esto volvió el robo más sospechoso de lo que ya era. Después de solicitar algunas medidas de prueba más y de poner sus resultados en relación a las circunstancias, el juez de Instrucción ordenó la detención de Elías Bauzan por estafa agravada y de Ricardo Arévalo por quiebra fraudulenta. Pero no imputó a nadie por el robo de los doscientos mil pesos. Para el juez, el robo era una pantalla para cubrir las acciones ilícitas que Elías Bauzan había promovido. Detrás de la estafa que llevó a Bauzan a quedarse con ese caudal de dinero, había otras cuestiones de fondo que se irían revelando a medida que la investigación avanzara.

Para el juez, Eugenia Quirós era cómplice, pero no tenía elementos para demostrarlo fehacientemente. Ricardo Arévalo fue citado en el despacho de Bauzan a propósito con la excusa de negociar la parte del dinero que reclamaba. Bauzan se ausentaría para figurar él como víctima, Eugenia Quirós escondería el dinero en otro lugar seguro, revolvería el escritorio y alegaría que se retiró unos minutos para que toda la culpa del robo recayera sobre Ricardo Arévalo. Así se lo sacarían de encima y no tendrían que pagarle parte de esos doscientos mil pesos en concepto de soborno para que Arévalo no lo delatara por su forma engañosa de hacerse de las acciones de la empresa. Y cubrirse a sí mismo la espalda para no quedar expuesto por haber llevado intencionalmente la firma a la quiebra para poner a Bauzan entre la espada y la pared. Caso cerrado.  

_ No comprendo cómo puede terminar de leer tantas páginas en un viaje tan corto_ volvió a comentar ella, mirando con soberbia el diario.

El pasajero clavó una mirada hostil e intimidatoria en ella.

_ Si lo termino de leer antes de bajarme o no, es asunto mío_ le reprochó de malas maneras.

_ No se enoje, hombre. Era una observación, simplemente.

_ ¿Puede seguir con sus cosas y dejarme a mí terminar de leer el diario en paz, por favor? Gracias.

Cinco minutos después, volvió a interrumpirlo.

_ El caso del robo en casa de Bauzan. Qué dilema.

_ ¡Señorita, por favor!

_ Qué tipo más arisco y antisocial que es usted, por Dios.

_ Quiero leer el diario, si a usted no le molesta.

Y dijo para sus adentros:

_ Qué mina más densa y pesada, por favor.

Ella lo escuchó y se lo hizo notar.

_ ¿Le parezco densa? ¿Enserio?

Él cerró el diario de golpe y la miró con odio.

_ ¡Sí!_ enfatizó._ ¿Tiene algún problema con eso?

_ ¿Realmente cree la versión del juez, de que el robo fue una maniobra, el tema de la extorsión y la mar en coche?

Él suspiró con pesadez.

_ La Justicia sabrá_ contestó fastidioso y de mala gana.

_ Ese es el tema: que la Justicia nunca sabe.

_ ¿Y eso, en qué la afecta a usted? A ver. Dígame.

_ Me preocupa como ciudadana. Si la Justicia no puede velar por mis derechos y garantías, ¿quién va a hacerlo?

_ Esto es Argentina. Esto fue así siempre. ¿Por qué se preocupa ahora?

_ Porque metieron a la cárcel a dos tipos inocentes. Ninguno de los dos robó la plata.

_ ¿Y usted cómo puede saber eso?

_ Porque fui yo. Yo misma robé esos doscientos mil pesos y los tengo ahora encima conmigo.

Él la contempló estupefacto.

_ ¿De qué está hablando? ¿Quién es usted?

_ Soy Eugenia Quirós.

Hizo una pausa y siguió.

_ ¡Fue tan fácil! Yo llevé la empresa de Arévalo a la quiebra y no Bauzan. Yo manipulé a Bauzan para que compre el 75% de las acciones de una forma, digamos, poco ortodoxa. Y el estúpido me hizo caso porque confía ciegamente en mí. Yo le sugerí a Bauzan esconder la plata en un lugar visible para pasar desapercibido. ¡Ja! Y el idiota me hizo caso y su previsibilidad hizo el resto. Yo cité a Arévalo ese día porque sabía que Bauzan no iba a estar. Es tan inocente, pobrecito, que realmente creyó que la cita la había hecho Bauzan.  ¿Lo ve? ¡Fue recontra fácil! Después, fue cuestión de apropiarme de la plata, revolver un poco el escritorio, inventar que Arévalo se quedó solo un rato porque yo me ausenté y listo el pollo.

El pasajero miró a Eugenia Quirós con estupor y miedo.

_ Usted está loca.

_ ¿Ah, sí?

Abrió su cartera discretamente y le exhibió los doscientos mil pesos escondidos en un forro oculto.

_ ¿Ahora me cree? Los libros contables que la Justicia revisó eran falsos, total y completamente falsos. Los verdaderos los tengo muy bien escondidos. Por eso nunca encontraron nada raro cuando me investigaron.

_ ¿Por qué hizo todo eso?

_ Porque yo trabajé para Ignacio Arévalo hace muchos años atrás, el padre de Ricardo. Y abusó de mí. Una y otra vez, abusó de mí. Nos quedábamos solos después de hora y aprovechaba esos momentos para tocarme, manosearme y abusar de mí. Hice la denuncia pero nunca nadie me creyó porque Arévalo padre tenía influencias. Y se escudó en esa impunidad para seguir abusando de mí repetidamente. Le pedí ayuda a Ricardo, pero no hizo nada. No podía tirársele en contra a papito. Por eso lo cité el día del robo. Para arreglar las cuentas pendientes del pasado. Porque él, al no hacer nada, era tan abusador como su padre. Me pidió disculpas pero no se las acepté. Así que, tenía que pagar por el daño que su padre y él me causaron. Y Bauzan también. Me usaba como objeto sexual cuando se peleaba con su mujer para satisfacer sus necesidades maritales. Ah, pero cuando se arreglaban, me volvía a maltratar, a gritar y a insultar. Así es como ustedes nos ven. Como meros objetos sexuales.

Tomó de su cartera los doscientos mil pesos, se levantó y los apoyó en el asiento que había liberado.

_ Ahí se los dejo. Haga con ellos lo que quiera_ y se preparó para bajarse.

El pasajero la miró con compasión y confusión al mismo tiempo.

_ Señorita Quirós, un momento, por favor_ le dijo mientras el subte estaba deteniendo su marcha.

_ Eugenia Quirós no existe más. Murió después del primer abuso.

Se bajó en la estación siguiente y el hombre la vio perderse entre la muchedumbre del andén con dignidad y admiración.

jueves, 22 de julio de 2021

Confesiones homicidas: 5. Confesión a un amigo.


 

 

                                     

 _ Pasaron 9 años de la muerte de Lourdes_ decía Federico con un cargo de culpa que pesaba sobre su mente._ 9 años en los que estuve preso por una decisión irracional, estúpida, injustificada.

Amagó con llorar pero contuvo el sentimiento.

_ Reconozco que tenés razón en ese punto_ repuso con frialdad su mejor  amigo, Guillermo._ ¿Un pacto suicida? ¿Enserio? ¿Pero, qué carajo tenían en la cabeza vos y Lourdes cuando lo planificaron?

_ ¡No podíamos más, Guillermo, no aguantábamos más! ¡Yo no aguantaba más ver sufrir a Lourdes así! ¡Vos sabías muy bien por todo lo que estábamos pasando por esos momentos! Estábamos asfixiados de deudas. El Banco casi nos remata la casa por deber casi un año de hipoteca. Para colmo, el viejo de Lourdes no aceptaba la relación de ella conmigo. Me odiaba terriblemente el viejo. Era un loco desquiciado. Estoy completamente seguro de que él tuvo que ver con mi condena.

_ No te mientas a vos mismo, Federico. Las mismas circunstancias de la muerte de Lourdes te mandaron 9 años en cana. Un pacto suicida en el que muere una sola persona. Un pacto suicida en el que la otra persona se arrepiente en el último segundo de la decisión tomada, intenta por todos los medios evitar que ella se mate, no lo consigue y se trauma. Se horroriza por lo ocurrido. Perdoname, Fede. Yo te banco, te quiero. Sos mi mejor amigo. Pero no suena para nada creíble.  Es lógico que en esta situación y con un abogado encima inútil, te fueran a condenar irremediablemente. ¿Qué esperabas? ¿Un milagro? Dejate de joder, Federico.

_ Lourdes me odiaba… Sí, es eso. Me odiaba tanto o más que el sorete del viejo. Y me convenció de la idea de llevar adelante un pacto suicida para hacerme ver a mí como un asesino. Porque sabía que yo sentía una tremenda devoción por ella y que jamás iba a permitir que hiciera algo así. Se aprovechó de la debilidad y del amor que sentía por ella.

_ Perdoname, Federico. Pero, si realmente es todo como vos lo planteás, ¿por qué aceptaste cuando te propuso esa locura?

_ Por estúpido. Lisa y llanamente, por ciego y estúpido. Porque creí que no hablaba enserio y porque supuse que la podría llegar a disuadir y hacerla cambiar de parecer. ¿Te das cuenta, Guillermo? Tu mejor amigo es un pelotudo. Un ingenuo y un verdadero pelotudo.

_ No digas estupideces, ¿querés? ¿Qué motivos podría llegar a tener Lourdes para querer hacerte daño de semejante forma?

_ Ella, no. El padre, sí.

_ ¿Estás diciendo que el padre manipuló a Lourdes para hacer todo eso? ¿Tan desgraciado es para asesinar a la propia hija? Es una pelotudez lo que estás insinuando, Federico. Por favor.

_ En el juicio me acusaron de asesinar a Lourdes. ¿Entendés la gravedad del asunto, Guillermo? Ellos creen que yo tomé la pistola, la apoyé en la cabeza de Lourdes y disparé.

_ Pero si Lourdes se disparó por sí misma. ¿Acaso la pistola no tenía sus huellas?

_ ¿Y eso a la Justicia, qué carajo le importa? Interpretan los hechos como les convienen para hacer caer a un boludo que pague por algo que no hizo y dar la falsa imagen de que la Justicia funciona. ¡Avivate, Guillermo! ¡Estamos En Argentina!

_ No te pudieron nunca acusar de dispararle vos a Lourdes.

_ Pero lo hicieron.

_ ¿Pero, las huellas de la pistola?

Guillermo se frotó la cara con las dos caras en señal de nerviosismo.

_ Federico. ¿Qué mierda pasó hace 9 años atrás la noche en que murió Lourdes?_ repuso ávidamente agitado.

_ Ella no fue la primera en tomar la pistola. Te mentí… Fui yo_ aclaró Federico, sin titubeos ni nudos en la garganta.

Guillermo palideció y se quedó mirando a Federico durante unos segundos como si fuera un verdadero desconocido.

_ ¿Qué?

_ Consentimos en que yo no quería verla sufrir y que me mataría primero. Tomé la pistola bastante nervioso, la llevé hasta mi cabeza con el pulso temblándome como si tuviera Parkinson y con el mismo miedo, la apoyé. Cerré los ojos por unos instantes y… No pude. No tuve el valor de hacerlo. Fui un cobarde que no tuvo el valor de matarse y que faltó a la promesa de su mujer. Lourdes enloqueció y me arrebató el arma de la mano con una rapidez inusitada. Lo que viene ya lo conocés. Intenté frenarla y no pude… No pude. Y eso es algo que jamás voy a perdonarme. Por eso, Guillermo, el arma tenía mis huellas también.

Guillermo no tuvo reacción.

_ Es una locura lo que me estás contando, Federico. Te juro que no puedo creerlo.

_ Esa es la verdad.

_ Me mentiste una vez. ¿Por qué no hacerlo otra vez? ¿Por qué no mentirme descaradamente de nuevo?

_ Porque lo que yo padecí estos 9 años en la cárcel, no se lo deseo a nadie. Porque en esos 9 años en los que estuve injustamente encerrado pensé en un montón de cosas. Y me di cuenta de mucho. De mucho más de lo que vos te debés estar imaginando, Guillermo.

_ Estás equivocado. No me imagino nada. En este punto, no creo ni me imagino nada.

_ Quiero hacerte una pregunta y quiero que me la respondas con total franqueza. ¿Puede ser?

_ A ver, preguntá. Dale.

_ Si yo hubiese disparado y hubiese muerto primero, ¿pensás que ella lo hubiera hecho? ¿Pensás que realmente se hubiera matado?

_ ¿Pero, qué carajo tenés en la cabeza, Federico, para preguntarme semejante barbaridad? A vos los 9 años en cana te quemaron el cerebro, hermano. ¡Escuchate lo que decís!

_ No es nada descabellado lo que estoy planteando. Al contrario, es sumamente lógico.

_ ¡Lógico las pelotas! Primero, el padre y ahora, la acusás a la propia Lourdes de asesina. ¡Dejate de joder!

_Hubiese sido el crimen perfecto. Ella me convence de hacer un pacto suicida para librarnos de las deudas y del rechazo del padre a nuestro compromiso. Se aprovecha de mi debilidad para manipularme y meterme en la cabeza la idea de que yo me tenía que suicidar primero para no verla sufrir a ella cuando supuestamente se disparase. Yo me mato, ella llama a la Policía, alega que yo me suicidé inventando una historia cualquiera, la Justicia investiga las circunstancias de mi muerte y todo coincide. Se cierra el caso y ella queda libre. Es brillante por donde lo mires. No me vas a decir que no, Guillermo.

_ Vuelvo a lo mismo. ¿Por qué Lourdes querría matarte?

_ Está muerta para preguntárselo a ella. ¿No te parece?

_ Nada de esto me parece. Ni siquiera de me parece de dónde salió la pistola. Y a esta altura, y por cómo estás vos, Federico, ya no me interesa saber más nada de esto. Está libre. Disfrutalo. Yo me voy.

_ El arma me la dio el viejo. Toda la idea del pacto suicida fue urdida por su  brillante cabecita. Fingió odiar a Lourdes, simuló traicionar a su propia hija y me explicó la idea con todo con lujo de detalle. Dijo que él mismo se encargaría de manipular a Lourdes para dejármela lista para el toque de gracia. Qué viejo hipócrita. En realidad, me estaba manipulando a mí fingiendo ayudarme. Pero el viejo resultó ser más iluso que su propia hija. Le seguí el juego hasta el momento decisivo del disparo. Me llevé el arma a la cabeza y cuando iba a disparar, le apunté sorpresivamente a Lourdes y la maté. Pobre infeliz. No lo vio venir. Ninguno de los dos sospechó nada. Realmente creyeron que este pobre Ingenuo había activado su vulgar y estúpida trampa. ¡Ja, ja,ja! Fue el viejo el que me entregó a la cárcel después. Yo me comí 9 años en cana y el quedó libre por los sobornos y las coimas que pagó. ¿Y todo este deseo de querer verme muerto, por qué? Porque el padre me culpó enteramente a mí de los graves problemas económicos que teníamos, cuando la verdadera responsable de todo eso fue Lourdes. Pero la hijita manipuló a su papi para que creyera que su marido era en realidad el culpable.

Guillermo se asustó y quiso huir con cautela, pero Federico se lo impidió.

_ Vos no te podés ir. Ya sabés todo.

Sacó un arma y le apuntó a Guillermo a la cabeza.

 

 

sábado, 8 de mayo de 2021

Confesiones homicidas: 4. Confesión en la Iglesia (Gabriel Zas)

 

 

_ Padre, vengo a confesarme_ le dijo Lucas al cura en el confesionario.

_ Tranquilo, hijo mío. Estás en la casa de Dios. ¿Cuándo fue la última vez que te confesaste?_ repuso el cura con el típico tono amable en su discurso parroquial que lo distingue.

_ Es la primera vez.

El cura rezó.

_ Dios te perdona.

_ Gracias, padre.

_ Ahora cuénteme. ¿Qué has hecho?

_ He pecado.

El padre volvió a rezar.

_ Acúsate con toda sencillez de tus pecados y confiésalos con entera confianza al confesor.

_ Padre, me acuso de haberme acostado con la amante de mi padre y haberle ocultado toda la verdad a mi madre.

_ Ese es un pecado terrible, hijo.

_ Pero hay otro mucho mayor, que no me atrevo a confesar.

_ Si por vergüenza callas algún pecado mortal, aumentarás la inquietud de tu conciencia y añadirás pecados a tus pecados.

_ Ayúdeme a hacer esto, padre, se lo ruego.

_ Dios está con nosotros, hijo. No temas. Habla con absoluta libertad.

_ ¿Lo que se habla acá es confidencial?

_ Sí, hijo. No te preocupes. Lo que tú digas no saldrá de este humilde espacio.

_ ¿No va a ir a la Policía a contarle nada?

_ ¿Policía?

_ Sí, padre. ¿Me lo promete?

_Si divulgo algo de lo que se dijo acá, me quitan los hábitos y puedo ser severamente juzgado. Habla con entera confianza.

_ Como un terapeuta, digamos.

_ No te distraigas, hijo. Te escucho.

_ Hace dos meses conocí a una mujer hermosa, encantadora. Viviana.  Nos conocimos en un evento de caridad que organizó la empresa de mi viejo. Nos miramos, hablamos, pegamos onda y bueno, fue un impulso que ninguno de los dos supo controlar. Ella es más grande que yo. Me supera en edad y bastante. Pero ese no es problema. A mí me da igual y a ella también. Cuestión que me dijo que estaba casada, pero que su matrimonio iba de mal en peor y que quería divorciarse de su esposo cuanto antes. La contuve, la apoyé, la acompañé a ver a un abogado para resolver el tema… Bueno, la cosa es que me enteré a los pocos días por una fortuita casualidad que yo no era el único amante que ella tenía. Tenía a alguien más: a mi viejo. Traté de digerir la cosa. Me angustié, me desesperé. Mi terapeuta trató de ayudarme pero eso no bastó. Era una situación abrumadoramente compleja y bien de porquería. Sabía que mi mamá estaba siendo engañada por mi viejo y a su vez, sabía el secreto de mi viejo. Pensé en encarar a mamá y decirle todo. Pero desistí de hacerlo porque mi viejo iba a enterarse que yo me estaba acostando con su amante y la cosa se iba a pudrir mal. Así que, opté por el silencio. Noches enteras mirando a mi padre a los ojos en casa haciendo de cuenta que estaba todo bien. Noches enteras mirando a los ojos a mamá sin poder decirle ni una sola palabra de todo esto, haciendo de cuenta que estaba todo bien. Me sentía una reverenda basura. Un día se me dio por preguntarle a Viviana el nombre de su esposo. Yo hasta ese momento, no lo conocía. No tenía ni la menor idea de quién era ni de cómo se llamaba, pese a que la estaba ayudando en el tema del divorcio. Cuando me lo dijo… Sentí un ataque de ira que me dieron ganas de romper todo. El marido de Viviana era mi viejo. ¿Entiende lo que le digo, padre? Mi viejo no era otro más del montón, era el marido de Viviana, mi amante. Y mi viejo la estaba cagando a mamá como el mejor. Lo primero que hice en casa, fue aprovechar un momento de ausencia de mamá para buscar el acta de casamiento y revisarla. Era trucha, falsa. El juez que los casó no tenía título, no era nadie. Era uno pagado por mi viejo. O sea, que ya estaba casado con Viviana o tenía pensado casarse con ella legalmente cuando se casó con mamá. Imagínese lo que sentí cuando descubrí que toda mi vida era una mentira por culpa de mi viejo, que todo el matrimonio, que todos esos años juntos fueron una mentira, una ilusión de mi viejo. Yo no podía ocultar eso. Estaba tan enojado, que no sabía ni yo mismo de lo que era capaz de hacer. Toda esa situación me generó una gran duda. ¿Quién es mi madre en realidad? Y tengo miedo de la respuesta. Mucho miedo de la respuesta. Por eso estoy completamente cerrado a realizarme el examen de ADN. Además, Viviana y mamá me tendrían que donar su ADN voluntariamente y eso es imposible, a no ser que les cuente la verdad. Y no puedo, no puedo hacerlo. Pero al mismo tiempo, sentía la necesidad de hacer algo porque no me podía quedar de brazos cruzados paspando moscas, porque la cosa era grave. Entonces, decidí encarar a mi viejo. Fui hace dos días a su oficina a la noche, el de seguridad me dejó entrar, subí hasta el piso de mi viejo, me metí en su oficina toda en penumbras; vi una sombra, algo oscuro que se deslizaba, pensé que era él, lo intercepté y lo maté. Y cuando encendí la perilla de la luz y vi lo que hice… ¡Era Viviana! ¡Maté a Viviana! Mi amante, mi madre biológica, no sé… La maté por error. Ella no debería haber estado ahí, no tendría que haber estado ahí. Y el de seguridad me tendría que haber dicho que había una mujer en compañía de mi viejo. ¡Y no! ¡No! Y yo pelotudo, que actué apurado, enojado, enceguecido por una rabia incontenible… Y preparé todo para que pareciera que mi viejo la había asesinado. Con el quilombo en el que estaba metido, la Policía podría deducir que la mató porque Viviana amenazó con contarle todo a mamá e ir preso. Y es lo que la Cana presume. Está totalmente convencido de que mi viejo es el asesino. Para colmo, está prófugo. Desde hace dos días que no se sabe nada de él. Quedó como que asesinó a Viviana y huyó. Es perfecto. ¿Usted qué opina, padre?

_ ¿Te arrepientes de tus actos?

_ De culpar a papá de algo que yo hice, no. Se lo merece. Se merece cargar con toda la culpa por lo miserable que fue. Y de matar a Viviana… Sí. Si pudiese volver el tiempo atrás para no haber actuado en caliente… Qué pelotudo fui. Nunca me lo voy a perdonar en la vida.

_ Repite conmigo la siguiente oración: pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el Infierno que merecí y el Cielo que perdí. Pero mucho más me pesa, porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como vos. Antes querría haber muerto que haberte ofendido. Y propongo firmemente no pecar más, y evitar todas las ocasiones próximas de pecado. Amén.

Lucas repitió la oración al pie de la letra. El cura tomó un objeto punzante de grueso tamaño, lo traspasó por la ventanita que divide los dos habitáculos del confesionario entre sí y lo estocó con contundencia y precisión en el pecho de Lucas, quien falleció en cuestión de segundos.

_ ¿Querías estar muerto antes que haberme ofendido?_ preguntó el cura con ironía y con un tono de voz completamente diferente, más agresivo y lábil._ Deseo concedido.

Y abandonó el confesionario y posteriormente la Iglesia con absoluta rapidez. Una vez que se halló en una zona segura, se deshizo del traje de párroco y huyó. El falso cura no era otro que el papá de Lucas. Y todavía sigue prófugo.