domingo, 26 de julio de 2020

El caso del heredero desafortunado (Gabriel Zas)




                        

Dortmund se empeñaba en sostener férreamente que aquél caso que investigaba junto al capitán Riestra se trataba en verdad de un asesinato y no de un suicidio. Hago referencia a la muerte de Renato Dellmans, cuyo cuerpo fue hallado por su hijo, Dalmiro Dellmans, en su propia casa.
_ Vine a verlo para resolver un asunto que teníamos pendiente_  explicaba Dalmiro Dellmans, dolido._ Toqué la puerta varias veces… insistí… Pero él no contestaba. No sé, tuve uno de esos presentimientos que lo atacan a uno de repente y derribé la puerta y…_ se detuvo bruscamente para recuperar fuerzas.
_ Ya sabemos el resto, señor Dellmans_ dijo compasivo el capitán Riestra._ Usted alega en su declaración que tocó la puerta varias veces, lo que implica inexorablemente que usted no poseía una copia de las llaves de la casa de su padre. Perdone que se lo diga así, pero me resulta altamente llamativo ese dato.
_ Como le dije al comienzo, capitán, vine a resolver un asunto pendiente que teníamos con mi padre.
_ Entonces, se pelearon en fuertes términos y usted le resignó las llaves de su vivienda.
_ Ni más ni menos.
_ ¿Cuál fue el problema que incentivó las diferencias con su padre, señor Dellmans?_ intervino modestamente en el asunto, Sean Dortmund.
_ Mi padre se entregó hará cosa de unos dos meses atrás a un culto religioso, de esos que le lavan el cerebro a uno. Muchas personas tienen una incomprensible e inconmensurable fe ciega en ellos, pero no son más que viles y vulgares estafadores, que se escudan bajo pretextos religiosos para llevar a cabo sus ardides.  Dejando de lado las opiniones personales, a mi padre lo convencieron de que les entregara la casa como recompensa por sus tributos. Él viviría en una cabaña en medio del bosque, lejos de todo, proveía por ellos mismos. Imagínese cómo me puse cuando me lo confesó. ¡Enloquecí! Era su única familia e iba a hacer semejante locura sin consultarme.  
_ Si el señor Renato Dellmans entregaba su propiedad a la secta, usted se quedaría sin nada.
_ No me gusta lo que está insinuando, ¿sabe?
_ Razono. Simplemente, razono, señor Dellmans. No sea impulsivo, por favor.
_ Intenté convencerlo de no hacer semejante locura. Se lo expliqué de todas las formas posibles habidas y por haber, pero no me escuchó y me fui muy enojado. Me llamó por teléfono a la mañana siguiente para remarcarme que no iba a cambiar de parecer y que ya se había puesto en contacto con su abogado para poner las escrituras de la casa a nombre de ellos. Le corté sin decirle nada. Hoy quise venir a hablar con él más apaciguado y calmo, pero… Ya ve que fue imposible.
_ ¿Dónde guardaba su padre las escrituras de la casa?
_ Me dijo la última vez que hablamos que las escondió en un lugar muy bien escondidas y que ni aunque estuviese quince horas seguidas buscando sería capaz de encontrarlas.
_ ¿Por qué cree que se suicidó su padre, señor Dellmans?_ preguntó con rigor profesional el capitán Riestra.
_ Porque no soportó la presión, supongo. Conociéndolo, reflexionó en el asunto y se dio cuenta de que yo tenía razón, aunque su tozudez le impidiera admitirlo. Pero al mismo tiempo no quería decepcionar al culto ese al que pertenecía, y se sintió atrapado en una encrucijada de la que pudo escapar de la única forma posible: arrebatándose la vida.
_ ¿La pistola era suya?
_ Sí. Tenía todos los papeles en regla. Era legítimo usuario.
El capitán Riestra liberó al señor Dalmiro Dellmans de la presión del interrogatorio y se reunió con Dortmund y conmigo.
_ Francamente, no me cierra la idea del suicidio_ declaró el inspector, obstinado.
_ Dortmund_ dijo Riestra._ La puerta estaba cerrada por dentro, el hijo de la víctima atestiguó haber llegado y haber golpeado la puerta insistentemente, los vecinos con los que hablamos lo certificaron, puerta cerrada por dentro, forzada para entrar por la preocupación del señor Dalmiro Dellmans. A su vez, el señor Renato Dellmans estaba solo al momento de su muerte… ¿Cómo justifica el asesinato en este contexto, Dortmund? Es técnicamente imposible.  Admita que por primera vez se equivocó.
_ ¡Eso jamás! Nunca me equivoco y esta no es la excepción a la regla.
_ Convengamos que el motivo que el hijo del interfecto esgrimió para justificar el trágico desenlace de su padre es altamente factible y suena muy verosímil_ intervine.
_ Coincido con usted, doctor_ me apoyó Riestra.
_ ¡Pues, los dos se equivocan, caballeros!_ refunfuñó Sean Dortmund, enfáticamente.
Con Riestra apelamos al silencio y dejamos que Dortmund experimentara según los dictámenes de su intuición. Revisó la casa en toda su dimensión minuciosamente, examinó con ojo clínico la puerta de entrada y reconstruyó hasta el hartazgo la secuencia desde que el señor Dalmiro Dellmans se apersonó hasta que derribó la puerta e hizo el hallazgo del cuerpo de su padre.  Cuando concluyó, se quedó reflexionando.
_ Dortmund_ dijo Riestra con tacto._ Me apena insistir en la idea del suicidio. Pero dese cuenta de que no cabe otra alternativa posible.
_ Se equivoca usted en eso, capitán Riestra_ proclamó Sean Dortmund con brillo en sus ojos._ Hay una última y única alternativa posible.
Riestra y yo lo miramos con desconcierto e incertidumbre.
_ Que el propio señor Dalmiro Dellmans haya asesinado a su padre, el señor Renato Dellmans_ infirió el inspector con soberbia y templanza._ El señor Dalmiro Dellmans sabe que indefectiblemente va a perder la casa de su padre, la que por herencia le corresponde, porque la decisión del señor Renato Dellmans de concedérsela a la secta religiosa a la que él pertenece está tomada y es irrevocable. Dalmiro Dellmans intenta disuadir a su padre de cambiar de parecer, pero sus intentos concluyen en rotundos fracasos que paulatinamente despiertan un sentimiento de irascibilidad dentro de él. Y cuando el señor Renato Dellmans lo llama por teléfono sólo para confirmarle que va a poner las escrituras de la propiedad a nombre de la secta y que además las escondió en un lugar imposible de descubrir según sus propias palabras, ese sentimiento de irascibilidad colapsa y al señor Dalmiro Dellmans lo empieza a habitar un grave deseo de venganza.  Sabe que su padre guarda una pistola. Viene hasta su casa con la excusa de hablar, su padre le abre, él entra, discuten, el señor Dalmiro busca la pistola, mata a su padre, prepara la escena, sale, cierra con llave, golpea la puerta y llama a su padre preocupado para despertar el interés de algún vecino que pudiera estar escuchando para ganarse su complicidad, derriba la puerta, devuelve las llaves a su lugar de origen e inmediatamente llama a la Policía. Sus ganas de buscar las escrituras de la casa lo carcomen, pero contiene la avidez para no quedar expuesto. Y confía en el ingenio de los investigadores para hallar las escrituras de la casa para posteriormente hacerse de ellas mediante algún artilugio.
_ Vaya, Dortmund_ profirió el capitán Riestra en un tono que mediaba entre la admiración y el estupor.
_ El señor Dellmans no debe confiar en el ingenio de los investigadores para hallar las escrituras, sino en el mío.
La vanidad era una virtud de la que el inspector jamás desistía.
Pensó en profundidad por unos cuantos minutos, hasta que se le ocurrió una idea que sonaba descabellada a primera vista. Le pidió al capitán Riestra que se parase al lado de la chimenea y le pidió a otro oficial al azar que moviese las manecillas del reloj de pared que había en la sala principal de la casa y marcase las 15 horas. Todos, unos más confundidos que otros, nos quedamos enmudecidos cuando contemplamos que las 15 horas del reloj activó un mecanismo que abrió un cajón secreto de la chimenea en cuyo interior estaban escondidas las escrituras de la vivienda.
_ ¿Cómo… cómo…?_ dijo Riestra boquiabierto y tartamudeando.
_ Me pareció muy raro que el señor Renato Dellmans le dijera a su hijo que “ni aunque estuviese quince horas seguidas buscando sería capaz de encontrarlas”. Es una frase muy poco común, muy elaborada para ser una simple frase comparativa. Y entonces tuve la ocurrencia del reloj.
La teoría de Dortmund resultó ser cierta y Dalmiro Dellmans, después de confesar el asesinato de su padre, fue puesto a disposición de la Justicia.
_ ¿Por qué el señor Dellmans le diría en clave a su hijo dónde ocultó las escrituras de la casa?_ le pregunté curioso a Dortmund, una vez de nuevo en nuestra residencia.
_ Quizás por presión, por culpa… ¿Quién sabe?_ me respondió el inspector, en tono indiferente.
_ Lo que sí podemos saber con certeza es que el señor Renato Dellmans era un fanático de los relojes y de las historias de ciencia ficción.
_ Tiene usted toda la razón en eso, doctor. Por eso creyó la historia que le contaron en la secta religiosa a la que pertenecía.


jueves, 9 de julio de 2020

Si te casas, que sea por amor (Gabriel Zas)



Octavio y Leticia se conocieron, se enamoraron y se fueron a vivir juntos.  Se casaron al año y Leticia repentinamente falleció a las dos semanas de contraído el matrimonio con Octavio.
Octavio dio intervención a la Justicia y declaró que Leticia padecía de fabry, una enfermedad muy poco usual, de las llamadas huérfanas, que consiste en la producción insuficiente de una enzima celular específica..
_ ¿Cuándo se enteró usted de esta patología de su esposa?_ le preguntó el fiscal a Octavio.
_ Me lo confesó ni bien nos conocimos_ respondió Octavio, dolido por la pérdida sufrida.
_ Le voy a solicitar al juez realizar la autopsia pertinente para constatar que la causa de muerte haya sido efectivamente esta patología a la que usted hizo alusión en este testimonio bajo juramento. Si los resultados son favorables, como la señora Leticia falleció dentro de los 30 días después de concebida la unión marital y ustedes convivieron previo a dicho desenlace, usted se hará formalmente acreedor de todos sus bienes personales por ley, siempre y cuando no acreditemos la existencia de descendientes o ascendientes, porque en ese caso, ellos gozarían del privilegio de la herencia. ¿Me explico?
_ Claramente, fiscal.
_ ¿Sabe si ella hizo testamento?
_ No. No hizo.
_ Raro si sabía que portaba una enfermedad potencialmente mortal.
_ Pasa que Leticia era una mujer sumamente optimista y positiva. No estaba entre sus planes morir tan repentinamente. Usted me entiende.
_ Sí, sí, claro que lo entiendo. Llegado el caso, eso se puede resolver sin inconvenientes en el fuero de Familia con representación de un abogado. ¿Sabe si su esposa tenía familiares directos?
_ No, no tenía a nadie. Solamente me tenía a mí. Sus padres murieron cuando ella era chica. Además, era hija única y nunca tuvo hijos propios con ningún hombre.
_ Está bien, no se preocupe. Cuando tenga en mi poder los resultados de la autopsia, me pongo inmediatamente en contacto con usted para notificarlo al respecto.
_ Gracias, fiscal.
Se estrecharon la mano y Octavio se retiró de la Fiscalía.   
Los resultados de la autopsia denotaron deficiencias importantes en la superficie cardíaca y dilatación evidente en la córnea y cristalino. “Estas patologías son características de la enfermedad que el denunciante alegó que la paciente padecía al momento de su deceso”, resumía el informe preliminar del forense.
_ Se debería realizar un estudio minucioso del árbol genealógico de la señora Leticia para concluir determinantemente el diagnóstico patológico declarado por el doctor Mastronuevo en su análisis_ le explicaba el fiscal a Octavio.
_ Eso es imposible_ repuso Octavio._ No tiene a nadie. Igualmente, no comprendo sus razones al respecto, fiscal. Disculpe mi ignorancia.
_ La enfermedad de Fabry es hereditaria. Y para establecer un diagnóstico certero sobre su padecimiento, junto al cuadro clínico hay que presentar el árbol genealógico del paciente para establecer vínculos y antecedentes de la enfermedad dentro del círculo familiar, ¿me comprende, Octavio?
_ Pero, eso es imposible, le repito. Ella no tenía familiares vivos.
_ Eso lo sabemos. Yo mismo, con la anuencia del juez, me encargué de verificarlo. Despreocúpese. En vista de esta situación excepcional, el juez ha dado lugar al diagnóstico establecido por el doctor Mastronuevo, por lo que ha decidido validar su declaración. Vamos a iniciar los trámites administrativos para que usted presente una certificación legal mediante un abogado en el fuero de Familia y pueda reclamar la totalidad legítima de la herencia que por ley le corresponde, ya que su esposa falleció dentro de los 30 días después de consumado el matrimonio, habida cuenta de su conocimiento previo de la enfermedad y su convivencia juntos, tal como lo establece el artículo 2436 del Código Civil y Comercial de la Nación.
_ Gracias por todo, fiscal.
_ A su disposición para lo que necesite. Lamento su pérdida, señor Octavio.
Octavio hizo un ademán con la cabeza y se retiró.
Sonreía de placer. Leticia en realidad estaba perfectamente bien de salud. Pero Octavio tuvo que buscar puntillosamente una enfermedad muy precisa que le permitiera llevar adelante su cometido. Y la encontró. Después, fue cuestión de estudiar al dedillo su sintomatología y características generales, y hallar alguna sustancia que imitase a la perfección esos síntomas y que pudiese engañar hasta a los más expertos médicos del país. Y también lo encontró. El cobalto. Envenenó a Leticia durante dos semanas con dosis excesivamente altas de cobalto hasta que falleció. Y de este modo logró quedarse con toda su fortuna y todas las posesiones que ella tenía a su nombre.  
Por un año, Octavio se mantuvo inactivo. Pasado ese lapso, volvió a la caza de otra mujer sola en el mundo, millonaria y soltera para repetir su infalible plan con una identidad completamente renovada.

domingo, 5 de julio de 2020

Crimen perfecto (Gabriel Zas)


Asesinó a cinco personas con una clara vinculación entre ellas, fehacientemente demostrada por los investigadores. ¿Los motivos? Aún seguían siendo un completo misterio. Encontraron evidencia incriminatoria en su contra en todas las escenas y él confesó cada uno de los cinco asesinatos. Eso fue prueba suficiente para que el juez lo procesara.
Pero él no era el asesino propiamente dicho, sino quien lo manipuló era el verdadero responsable de los cinco asesinatos. Era sonámbulo y los sonámbulos son fácilmente sugestionables. Así lo convenció de que matara a esas personas y del mismo modo, presumiblemente, lo convenció para se declarara culpable, esto último, con ayuda de alguna droga potente, ya que el sonámbulo no guarda registro alguno en su cerebro de las acciones que realizó durante dicho estado del sueño.
Y para fortuna del verdadero asesino, el sonambulismo es clínicamente incomprobable. Y al haber estado consciente al momento de confesar, la historia del sonambulismo se caía por su propio peso, haciendo las salvedades de que el sonámbulo no es consciente de su condición.
Fue el crimen perfecto y así logró vengarse de las cinco personas que arruinaron su vida.  

sábado, 27 de junio de 2020

La locura de Cárdenas (Gabriel Zas)




_ Necesitamos plata_ le dijo Olivia a su madre, Leonor Cárdenas.
Ella miró a su hija con abrumadora impasibilidad.
_ ¿Qué pasó con la fortuna que les dejó su padre cuando murió? ¿Ya se la patinaron toda?
_ Fue culpa mía, vieja_ reconoció lastimosamente, Nicandro, su otro hijo._ Unos conocidos me prometieron un negocio, confié, invertí y resultó ser una estafa.
_ ¡Lo hiciste a espaldas mía!_ le recriminó su hermana Olivia con frustración y enojo._ ¡Te cagaste en mi parte, te cagaste en todo, como hacés siempre!
_ Pará, Olivia, no te enojes_ quiso calmarla Nicandro._ Ya sé que debí haberte dado lo que te correspondía. Pero entendeme, era un flor de negocio. Yo confié y…
_ Sos un pelotudo. Me dejaste en bancarrota, sin un peso.
_ Vieja, es por un tiempito, nada más. Hasta conseguir algo. Yo prometo devolvértelo todo junto en cuanto pueda.
_ No. Me cansé siempre de lo mismo. Ya son grandes los dos. Consíganla por su cuenta.
_ Pero, mamá. No nos podés fallar justo ahora_ le suplicó Olivia.
_ No, Olivia. Y cuando yo digo no, es no.
_ Vieja, por favor…_ imploró Nicandro.
_ ¡No!_ repuso determinante, Leonor Cárdenas._ Váyanse los dos ya mismo de mi casa.
El tire y afloje duró unos cuantos minutos más con idéntico resultado. Ya al ver que Leonor Cárdenas no tenía ninguna intención de revocar su decisión, Olivia y Nicandro se levantaron ofuscados y se retiraron hastiosamente ofendidos.  
Los intentos se repitieron por semanas enteras hasta el punto del hartazgo por parte de Leonor Cárdenas, que ya dejaba de responder a las insistencias permanentes de sus hijos.
Tanto Olivia como Nicandro desistieron de las pesadeces y optaron por dejar a su madre definitivamente tranquila. Desde entonces, intentaron rebuscárselas  desesperadamente como pudieron, hasta que cierto día a la mañana recibieron una inesperada llamada que cambió la suerte de ambos estrepitosamente. Se trataba de Bernabela Cruz, la abogada de Leonor Cárdenas.
_ Es sobre su madre. Quería hablarles sobre un tema un tanto delicado, que me agarró de sorpresa_ anunció la abogada con pesadumbre.
Olivia y Nicandro se preocuparon terriblemente.
_ ¿Qué pasó con mamá?_ preguntó desesperada, Olivia.
_ ¿Ella está bien?_ coreó encima, Nicandro.
_ Tuvo un colapso mental que afectó severamente su memoria. Ella tenía anotada cosas que debía hacer, trámites, turnos; a modo de recordatorio, en una libreta azul que siempre tenía con ella. Pero se olvidó que la tenía, no reconocía su propia letra, no recordaba haber anotado ciertas cosas…
_ ¿Enloqueció?_ inquirió con nerviosidad, Nicandro.
Se hermana lo reprendió pero él la ignoró.
_ No en términos clínicos, según los profesionales que la están tratando.
_ ¿Está internada?_ preguntó con desesperación, Olivia.
_ No, por ahora convencí a los doctores que le permitieran confinarse en su domicilio bajo mi estricta responsabilidad. Pero está al borde la insania. El no recordar cosas que ella misma apuntó, el olvidarse de hacer otras, la está dejando en un estado alarmante.
_ ¿Está tomando alguna medicación?
_ Le recetaron fluoxetinea, que sirve para tratar la ansiedad y la depresión. Pero no veo resultados favorables. Y si no presenta aunque sea una leve mejoría dentro de las próximas 48 horas, la van a internar.
_ ¡Ay, no! ¡Pobre mamá!
_ ¿Qué podemos hacer nosotros por ella?_ quiso saber Nicandro.
_ Me dijo que tuvo bastantes peleas recientemente con ustedes dos porque le estaban pidiendo plata prestada.
_ No sé por qué le comentó semejante cosa_ negó descaradamente, Nicandro.
_ Mire, este remedio que ella está tomando… La fluoxetinea, quiero decir, tiene como efecto colateral las alucinaciones. Es posible que producto de esas alucinaciones haya imaginado la discusión con ustedes_ sugirió Bernabela Cruz.
Tanto Nicandro como Olivia dibujaron en sus labios una mueca de significativa malicia.
_ Sí, eso mismo abogada_ afirmó emocionado, Nicandro._ Como somos con Olivia, es una locura impensada pedirle plata a mamá.
_ Por eso me contacté con ustedes. Como son los únicos familiares vivos que ella tiene y son descendientes directos, ella hizo un testamento hoy a la mañana, que yo convalidé legalmente, en el que les deja toda su fortuna y sus bienes personales a ustedes dos, a repartirse en partes iguales.
La emoción que recorrió el cuerpo de los dos hermanos fue indescriptible. Acordaron un punto de encuentro para homologar el testamento, al que asistieron puntualmente. Era un bar ubicado en pleno Microcentro porteño.  Bernabela Cruz les extendió el testamento, les explicó los términos y sus formalidades, la instrumentalización del documento y se los hizo firmar a los dos por igual.
_ Perfecto_ dijo la abogada, mientras guardaba el testamento en su sobre original._ Mañana a la mañana nos reunimos con el juez para que lo certifique y ustedes se hagan de su contenido lo antes posible.  Les pido por favor puntualidad.
_ ¿Y mamá con quién está ahora?_ preguntó entre cavilaciones, Olivia.
_ La está cuidando una enfermera recomendada por el médico que la trata_ respondió Bernabela Cruz._ Me estoy yendo corriendo para allá.
_ ¿Cuándo vamos a poder verla nosotros? ¿Cuándo vamos a poder hablar con el psiquiatra?_ indagó pertinaz, Nicandro.
_ En cuanto tenga su autorización, los notifico de inmediato. Por el momento, está privada de recibir cualquier visita.
_ Gracias por todo, doctora.
_ Los espero mañana puntual a las 9 en el Juzgado de Familia.
Y los dos hermanos se despidieron amablemente de Bernabela Cruz.
A la mañana siguiente, tanto Olivia como Nicandro y la doctora Cruz estaban reunidos en el despacho del juez, el doctor Rubén Miraval.  Bernabela Cruz le extendió al juez  el testamento de Leonor Cárdenas, el certificado médico correspondiente que acreditaba la salud mental de su clienta y las explicaciones pertinentes del caso.  El doctor Miraval estudió por unos cuantos minutos toda la documentación que tenía entre manos.
_ ¿Por qué me hace tal solicitud, doctora?_ preguntó curiosamente, el juez.
_ No entiendo su pregunta, Señor Juez_ proclamó algo desvariada Bernabela Cruz.
Nicandro y Olivia intercambiaron una mirada sugerentemente reveladora.
_ La ley es clara al respecto, abogada. El Código Civil y Comercial de la Nación Argentina  estipula en sus artículos correspondientes que el testamento se declara nulo cuando la persona afectada al mismo está privada de sus facultades mentales al momento de testar.
Bernabela Cruz miró aterrada al Juez Miraval.
_ ¿Qué significa eso, Señor Juez?_ indagó ansioso, Nicandro.  
_ Que el testamento queda sin efecto y ni usted ni su hermana tienen derechosa adquiridos sobre el mismo. Eso es todo. El caso está cerrado.
Afuera de la oficina del doctor Miraval, la discusión entre Olivia, Nicandro y la doctora Bernabela Cruz fue intensa y se prolongó durante unos cuantos minutos hasta que algunas autoridades del Juzgado intervinieron y cada quien se fue en direcciones contrarias. Las acusaciones se dispararon para todas partes, llevándose la doctora Cruz la peor parte. Pero eso ya había pasado. Una sensación de angustia y derrota laceraba los rincones más hastiados de las almas de Nicandro y Olivia. Invadidos por un formidable sabor de frustración, sentían que estaban en el peor momento de sus vidas.
Sin embargo, Leonor Cárdenas todo lo contrario. Saboreaba el triunfo de su idea enorgullecida de su éxito, exasperada por la implacabilidad de su plan.  
_ ¿Así que mis hijos Olivia y Nicandro realmente se creyeron lo de mi aparente locura?_ preguntó Leonor Cárdenas, con una sonrisa surcada en todo lo ancho de su boca.
_ Cada palabra_ confirmó Bernabela Cruz._ Sinceramente, pensé que esto no iba a funcionar.
_ Conozco a mis hijos mejor que nadie, querida. Estaba más que segura que algo así no podía fallar. A ver si así aprenden de una vez que en la vida nada es gratis y que la familia se valora por sobre todas las cosas.
_ ¿Entonces, vas a hacer el testamento, Leonor?
_ ¿Se puede?
_ Alegamos mal diagnóstico por parte del personal médico que te atendió, a los efectos de anular la resolución del juez que deberá rectificar Casación, para que de esta manera el testamento que presentaste tenga validez legal.  Y vos, lo modificás, hacés uno nuevo y ya automáticamente anulás el actual. Eso sí, lo tenés que convalidar con escribano público y dos testigos.
_ ¿Me conviene que me vea un psiquiatra real para revocar la resolución del juez y declarar inadmisible la documentación que vos presentaste en el Juzgado?
_ Ayudaría, sí. No va a ser de un día para el otro esto porque es de una complejidad tremenda la situación. Pero para tu tranquilidad, todo se puede resolver por las vías legales correspondientes. ¿Vos tenés apuro para hacer y validar el nuevo testamento?
_ Ni un poquito. Todavía, tiro unos cuantos años más. Mirame. ¡Estoy hecha una pendeja!